Grandes caídas del mercado y sus retornos.

Es normal que los activos tengan caídas, esto pasa habitualmente en muchas empresas, las cuales sortean factores que pueden llegar a destruir el valor de sus acciones, ya sea el crecimiento de un competidor directo, catástrofes naturales, o el incumplimiento financiero son algunos de los mencionados.


Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el mercado en general cae? o peor, ¿qué pasa cuando esta caída se mantiene en el tiempo? Para responder estas preguntas debemos viajar al pasado y recordar los peores momentos que ha sufrido Wall Street.


Tengamos o no conocimiento, es imposible no haber leído o no haber escuchado acerca de la “Gran depresión del ́29”, la “Crisis subprime del 2008”, o algo mas reciente como los efectos por la pandemia de COVID-19. Estos sucesos tienen un denominador común, todos terminaron en crisis económicas y fuertes retrocesos financieros que marcaron el despido masivo de trabajadores o hasta el cierre de muchas empresas con años en actividad.


Haremos un repaso por los duros golpes que ha recibido el mercado en el siglo anterior y actual pero además, veremos cuánto tardó en recuperarse, en algunos casos la caída duró días, aunque en otros duró años.


El derrumbe de Wall Street de 1929 afectó a la Bolsa de Nueva York (NYSE) el 24 de octubre. Se considera la crisis bursátil más famosa del siglo XX y la mayor de la historia de Estados Unidos. Durante la década de 1920, Estados Unidos y Europa experimentaron un fuerte crecimiento económico, y el aumento de la producción industrial hizo que las cotizaciones bursátiles en la bolsa de valores se incrementasen aproximadamente un 300%.


Este rápido crecimiento hizo que los inversores se volvieran codiciosos, ya que se centraron en la posibilidad de comprar acciones y revenderlas para obtener importantes ganancias.

Inevitablemente, estas expectativas se derrumbaron cuando se pusieron a la venta 12,8 millones de acciones en la bolsa de Wall Street el 24 de octubre (conocido como Jueves Negro), lo que provocó una caída de las cotizaciones bursátiles.


Si bien hubo otras crisis en el medio, avanzamos hasta el siglo XXI, para centrarnos en el desplome bursátil del 2008, o mejor conocido como la “Crisis subprime”.


A mediados de la década de los años 2000, el mercado inmobiliario estadounidense experimentó un auge que alcanzó niveles sin precedentes, causado por las hipotecas de alto riesgo (subprime), un nuevo tipo de préstamo concedido a personas con bajas calificaciones de solvencia que, en otras circunstancias, no habrían podido solicitar hipotecas convencionales.


Pero en 2006, el mercado inmobiliario se derrumbó e inició una reacción en cadena que condujo a la crisis financiera de 2008. Los bancos perdieron la confianza de los préstamos otorgados por el bajo historial crediticio de las personas. La falta de los mencionados provocó una serie de subidas de los tipos de interés que afectó gravemente a los consumidores y obligó a muchos nuevos propietarios a incumplir el pago de sus deudas.


La situación llegó a un punto crítico en septiembre de 2008 cuando Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión más grande, anunció su bancarrota. Luego de esto los mercados mundiales entraron en pánico desatando la tormenta.


Para poder analizar no solo el efecto de cada una de las crisis, sino sus posteriores repuntes, decidimos ir detallando cada una de ellas.


Crack de 1929: el período bajista duró 33 meses y supuso una caída del 86% del S&P 500 desde máximos.

Ajuste de la Fed de 1937: desde el máximo marcado en marzo de 1937, el S&P 500 se dejó un 60% en sus 63 meses siguientes.

Crack tras la II Guerra Mundial: un mercado bajista de 37 menos y una caída de un 30% del S&P 500.

Flash crash de 1962: la crisis de los misiles de Cuba fue el desencadenante de un período corto, apenas siete meses, en los que el S&P 500 perdió un 28% de su valor.

Crack tecnológico de 1970: tras los máximos de noviembre de 1968, el S&P 500 cayó un 36% en los siguientes 18 meses.


La crisis del petróleo de 1973 (-48%),

El crack de 1987 (-34%),

La burbuja tecnológica (-49%)

La crisis financiera mundial (-57%).


Según esta cifra, la mediana de las correcciones en el S&P 500 es de un -42%. Podemos verlo graficado a continuación.




En la otra cara de la moneda, la de los períodos más alcistas, destaca el período posterior al Crack del 29. Desde junio de 1932 el S&P 500 subió un 324% durante 58 meses.


En abril de 1942 encadenó 50 meses de avances que llevaron al S&P 500 a revalorizarse un 158%. Mientras que desde junio de 1949 sumó un 436% en los 152 meses siguientes. Así, la mediana es que los mercados alcistas remontan un 158%. Esto se ve en el cuadro demostrado por JP Morgan, donde podemos ver los Bear markets (mercados bajistas) y los Bull Markets (mercados alcistas) con los meses con los cuales duraron estas tendencias.




Es importante saber que luego de los efectos de la pandemia, descubrimos que el S&P perdió un 35% desde febrero hasta agosto donde recuperó y luego de ahí llegó a un pico de 4750, logrando un retorno (desde el mínimo) de 116% en dólares.

Debemos destacar que las caídas de la bolsa están impulsadas tanto por el pánico de los inversores como por cualquier otro factor económico subyacente. La pérdida de confianza de los inversores puede dar lugar a un número de ventas importantes en una bolsa de valores y a la caída de precios resultante que puede desencadenar una venta masiva. El aumento del volumen de las operaciones también agrava la caída de los precios.


Con la internacionalización de los mercados bursátiles y la aparición de los sistemas electrónicos, los desplomes pueden extenderse muy rápidamente por todo el mundo, lo que puede magnificar el colapso de los mercados.


Los desplomes a menudo ocurren después de un largo período de presión de compra, cuando la codicia provoca que los precios de las acciones sean tan altos que se consideran sobrevalorados. Debido a que estos precios son insostenibles, el mercado puede acabar colapsando. Aunque este patrón está consolidado, la mayoría de los economistas están de acuerdo en que sigue siendo difícil predecir la caída de la bolsa.


Sin embargo y como conclusión, debemos comprender que saber posicionarse (algo que conlleva dificultad) es muy valioso, debido a que podemos aprovechar y comprar empresas a un precio muy bajo y poder lograr (en caso de haber elegido las correctas) rendimientos muy interesantes.




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